Disrupción en Medio Oriente: ¿cómo nos afecta en Sudamérica?

Cuando hablamos de comercio marítimo global, hay rutas que funcionan como arterias del sistema. Dos de ellas —el Estrecho de Ormuz y el corredor de Bab el-Mandeb— están bajo tensión, y eso no se queda “allá lejos”: termina impactando decisiones de compra, costos de reposición y continuidad operativa en empresas de Sudamérica.

Lorena Lay · 25 mar 2026

"Estrecho de Ormuz"

Cuando hablamos de comercio marítimo global, hay rutas que funcionan como arterias del sistema. Dos de ellas —el Estrecho de Ormuz y el corredor de Bab el-Mandeb— están bajo tensión, y eso no se queda “allá lejos”: termina impactando decisiones de compra, costos de reposición y continuidad operativa en empresas de Sudamérica.

Aunque la Costa Oeste de Sudamérica no esté en la línea directa del conflicto, sí está dentro de la red de efectos colaterales. En logística internacional, cuando una zona crítica se altera, el mercado no responde por país: responde por capacidad global, riesgo y reasignación de recursos.

La pregunta relevante ya no es “si nos afecta”, sino **cuánto y qué tan preparados estamos para absorber esa variabilidad sin romper margen ni nivel de servicio**.

¿Por qué Sudamérica se ve impactada si no está en la zona de conflicto?

Porque las navieras y operadores no gestionan rutas aisladas: gestionan redes interconectadas. Si en una parte del mapa sube el riesgo o baja la fluidez, se activa una cadena de ajustes que puede llegar a cualquier trade, incluido Asia–Sudamérica.

En términos simples, el efecto se transmite por cinco vías:

• cambios de itinerario para evitar zonas de mayor riesgo,

• reasignación de naves hacia rutas más tensionadas,

• aumento de recargos y prima de riesgo operativa,

• menor previsibilidad en conexiones y transbordos,

• presión sobre disponibilidad de equipos vacíos en nodos clave.

Por eso, incluso cuando tu carga no pasa físicamente por Ormuz o Bab el-Mandeb, tus costos y tiempos sí pueden verse alterados por decisiones de red que toman los carriers a escala global.

El impacto que ya estamos viendo en operaciones Asia–Sudamérica

1) Reconfiguración de rutas Asia–Europa y efecto derrame

Cuando parte de la capacidad se redirige para sostener otras rutas o compensar desvíos, los demás trades compiten por menos espacio relativo. Para importadores sudamericanos, esto se traduce en más dificultad para asegurar cupos en ventanas críticas.

2) Presión al alza en fletes desde Asia

No siempre ocurre como salto brusco único; muchas veces aparece como suma de ajustes graduales: flete base más sensible, recargos por contingencia y alzas tácticas por presión de demanda sobre capacidad disponible.

3) Blank sailings y cambios de itinerario

Los blank sailings (salidas canceladas) no solo mueven fechas: desordenan plan de abastecimiento, afectan secuencias de recepción y aumentan probabilidad de compras urgentes. El costo final no es solo logístico; también es comercial y financiero.

4) Desbalance de equipos y menor disponibilidad efectiva

Cuando hay fricción en nodos internacionales, los contenedores vacíos no rotan al ritmo esperado. Resultado: más dificultad para confirmar embarques en origen, especialmente para cargas con timing ajustado.

5) Congestión en hubs asiáticos y retraso en tránsito real

La congestión no siempre aparece en la tarifa cotizada, pero sí en el desempeño real: más días de espera, transbordos más largos y menor confiabilidad del ETA. Esa diferencia entre “tránsito prometido” y “tránsito real” pega directo en inventario y caja.

En mercados tensionados, la amenaza principal no es solo pagar más: es perder previsibilidad operativa.

Ojo con este error: mirar solo el precio del flete

En escenarios volátiles, muchas empresas se enfocan solo en el valor del flete base. Es entendible, pero incompleto. El impacto serio suele estar en la **variabilidad total del costo logístico** y en la pérdida de sincronía entre compras, tránsito e inventario.

Si no mides esa variabilidad, terminas tomando decisiones con información parcial:

• compras sobreoptimistas con lead times irreales,

• compromisos comerciales con buffers insuficientes,

• y costos extraordinarios que aparecen tarde, cuando ya no se pueden corregir.

Qué deben hacer importadores y exportadores ahora (plan de ejecución)

No se trata de sobrerreaccionar, sino de gestionar con disciplina. Estas cuatro líneas de acción son prioritarias:

1) Revalidar compromisos de tránsito con datos reales

Revisa tus promesas internas y comerciales contra desempeño real reciente (no contra estándar histórico). Si tu tránsito real se desplazó, tu planificación también debe hacerlo.

Acciones concretas:

• actualizar lead times por origen y naviera,

• separar tránsito teórico vs tránsito efectivo,

• recalcular ventanas de reposición para SKUs críticos.

2) Asegurar espacios con mayor anticipación

En semanas de alta volatilidad, la anticipación gana valor. Reservar tarde implica mayor exposición a rollover, cambios de nave o alternativas más caras.

Acciones concretas:

• adelantar planificación de booking,

• priorizar cargas por criticidad comercial,

• definir rutas/servicios de respaldo para contingencia.

3) Monitorear recargos y ajustes operativos en ciclo corto

Lo que no se monitorea, se transforma en “sorpresa” de cierre de mes. Necesitas un control de recargos por embarque y por ruta con frecuencia semanal.

Acciones concretas:

• tablero simple de recargos por operación,

• comparativo cotizado vs facturado,

• semáforo de desviaciones para actuar temprano.

4) Proteger inventarios críticos y continuidad de servicio

No todos los productos requieren la misma protección. En contexto incierto, conviene segmentar por criticidad y margen para blindar lo que más impacta ventas y operación.

Acciones concretas:

• identificar SKUs A (alto impacto),

• ajustar stock de seguridad por riesgo logístico,

• definir gatillos de acción cuando se deteriora el tránsito real.

¿Qué cambia entre empresas que absorben la volatilidad y las que la sufren?

La diferencia no suele estar en “tener mejor suerte”. Está en la calidad de su gobierno operativo:

• decisiones con datos frescos y no con supuestos viejos,

• coordinación estrecha entre compras, logística y comercial,

• y protocolos claros para escalar contingencias.

Las empresas más resilientes no intentan adivinar el mercado. Diseñan sistemas de respuesta para distintos escenarios y ejecutan rápido cuando cambian las condiciones.

Conclusión

La disrupción en Medio Oriente está reordenando flujos marítimos globales. Y aunque Sudamérica no esté en el foco geográfico del conflicto, sí está dentro del impacto logístico y económico de ese reordenamiento.

Para importadores y exportadores, el mensaje es claro: **la anticipación volvió a ser ventaja competitiva**. Revalidar tránsitos, asegurar espacios, controlar recargos y proteger inventarios críticos ya no es “buena práctica”; es gestión mínima para sostener continuidad y margen.

En este entorno, esperar a que “se normalice” suele ser la estrategia más cara.

Evalua tu impacto logístico

En **S&P Logistics** estamos monitoreando estos cambios en tiempo real para ayudarte a proteger tu operación. Si quieres, podemos revisar tu ruta Asia–Sudamérica y definir un plan concreto para reducir exposición a sobrecostos, atrasos y quiebres de abastecimiento.

Escribir a S&P Logistics

Preguntas frecuentes

¿La disrupción en Medio Oriente afecta solo a importadores grandes?
No. Las pymes también se ven afectadas porque compiten por capacidad y sufren más cuando hay variaciones de tránsito o recargos no previstos. De hecho, su margen suele ser más sensible a estos cambios.
¿Qué indicador debería monitorear semanalmente un importador?
Como mínimo: cumplimiento de ETA real, variación de recargos por embarque y diferencia entre costo cotizado y costo final. Con esos tres indicadores ya puedes detectar desvíos antes de que escalen.
¿Conviene cambiar de proveedor logístico en un escenario de volatilidad?
No siempre. Primero conviene evaluar capacidad de respuesta, visibilidad y rapidez de ajuste del operador actual. Si no hay trazabilidad ni plan de contingencia, entonces sí puede ser razonable reevaluar.
¿Qué hago si ya estoy teniendo atrasos en tránsitos críticos?
Prioriza carga por impacto de negocio, ajusta ventanas comerciales, protege SKUs críticos y activa rutas/servicios alternativos. El objetivo inicial no es “optimizar todo”, sino estabilizar continuidad y margen.